24 abril, 2024

Los vientos cambian en el escenario geopolítico mundial, y Argentina ha decidido montar su propio escenario en el grupo BRICS. ¿Una audacia estratégica o un movimiento desesperado? En una Argentina que se tambalea económicamente, el presidente de la nación, en un acto que podría haber sido arrancado de las páginas de un drama político, ha anunciado la intención de unirse a este grupo de élite. Por Nito Marsiglio.

Para aquellos que no están al tanto, BRICS es un acrónimo que engloba a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Estas naciones emergentes se han unido en una coalición que representa una amenaza directa al orden mundial establecido, dominado durante mucho tiempo por las potencias occidentales.

Pero, ¿qué tiene que ver Argentina con este club exclusivo? La respuesta corta: recursos y desafíos. Argentina se enfrenta a problemas económicos crónicos y una deuda monumental. Ha caído en la trampa del endeudamiento excesivo, y las instituciones financieras internacionales han sido sus prestamistas de último recurso durante años. Sin embargo, esta es una trampa que el país austral parece estar dispuesto a superar por sí mismo, al menos en teoría.

El presidente argentino argumenta que unirse al BRICS podría ser la tabla de salvación que Argentina necesita. Unirse a esta coalición le daría acceso a un mercado global que abarca casi el 40% de la población mundial y alrededor del 25% del PIB global. Pero, ¿a qué costo?

El BRICS no es solo un club económico, sino un contrapeso político al dominio occidental. Rusia y China, los pilares de este grupo, han buscado durante años desafiar la hegemonía estadounidense y europea en la arena internacional. ¿Se convertirá Argentina en una marioneta de estas potencias en su búsqueda de poder?

Los críticos argumentan que Argentina está vendiendo su soberanía al unirse a este grupo. Temen que el país caiga en la esfera de influencia de China, convirtiéndose en un simple peón en su tablero de ajedrez global. China ya tiene una presencia significativa en Argentina, y algunos temen que este movimiento solo consolide su control sobre la economía argentina.

Sin embargo, los partidarios de esta audaz jugada argumentan que Argentina necesita nuevas alianzas para superar su crisis económica. Argumentan que el país puede aprender de las experiencias de las naciones BRICS, especialmente en lo que respecta al desarrollo económico y la independencia financiera. También ven esto como una oportunidad para diversificar las relaciones internacionales de Argentina y no depender exclusivamente de los préstamos occidentales.

La entrada de Argentina en el BRICS es, sin duda, un paso arriesgado. Es un movimiento audaz en un mundo donde las alianzas y las lealtades cambian constantemente. Pero también es un reflejo de la creciente complejidad del tablero de ajedrez global. Argentina se encuentra en una encrucijada, y su decisión de unirse al BRICS podría alterar el equilibrio de poder en América Latina y más allá.

El tiempo dirá si esta jugada estratégica resulta ser un golpe maestro o un movimiento desesperado de un país en busca de una salida. Lo que está claro es que Argentina, con su entrada en el BRICS, está dispuesta a desafiar las normas del juego internacional y a escribir su propia historia en un escenario mundial en constante evolución.

En el Canal Asia TV, Ivonne Alves Garcia entrevista al Analista Geopolítico Carlos Pissolito que da una interesante mirada sobre el tema.

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